DENISE DRESSER
CÓMO se antoja. Aventar un zapato, lanzar una recriminación, emular al periodista iraquí que confrontó a George W. Bush, y hacer lo mismo con una larga lista de políticos mexicanos. Ante los abusos presenciados y las faltas cometidas no faltan las ganas de convocar a un acto condenable, pero también catártico; un acto ofensivo, pero también revelador. No falta el deseo de reproducir un gesto que encapsula la impotencia frente a lo desatado por los errores de un solo hombre. En Iraq la ausencia de gobierno; en México su mal desempeño. En Iraq la violencia; en México su escalamiento. En Iraq el Estado fallido; en México el Estado patrimonialista. En Iraq los cadáveres apilados; en México los ciudadanos atropellados. A través de un gesto simbólico, Al-Zahidi intentó penetrar el sello hermético que protege a los poderosos y les permite evitar la rendición de cuentas. De forma modesta y menos espectacular, esta columna busca mimetizar su intención y mandar el mensaje de que los malos gobernantes deben ser sacados de su zona personal de confort. Podrán esquivar el zapato, pero no la vergüenza. Leer el resto de esta entrada »