Salvador García Soto
Serpientes y Escaleras
Detrás de la afirmación sostenida por el gobierno calderonista —lo mismo por el Presidente en privado que públicamente por su secretario de Economía— hay no sólo un diagnóstico crudo de los niveles de penetración del narcotráfico en México; también hay mensajes cifrados que, al tiempo que abordan la dimensión real de la narcopolítica, buscan sembrar suspicacias sobre quienes pueden arrebatarle al PAN el poder en 2012.
Porque antes que el presidente Calderón se los dijera a gobernadores y dirigentes del PRI en Los Pinos el 17 de febrero, y luego el secretario de Economía, Gerardo Ruiz Mateos lo reprodujera en París, el tema de una narcopresidencia no había sido argumento discursivo del gobierno en su guerra contra el narco.
Es más, en la política mexicana era casi impensable, tabú de alguna forma, hablar de que el narco pudiera llevar a un hombre suyo a Los Pinos. Sabíamos sí de candidatos a alcaldes, a los congresos y hasta de narcogobernadores, como en su momento Mario Villanueva. Pero pensar en un hombre del narco en Los Pinos era tan improbable como incorrecto políticamente.
No parece casual que el tema lo sacara el gobierno justo en la víspera de las campañas por las parlamentarias de este año en las que, las encuestas indican, su partido y su administración podrían recibir un duro revés en las urnas.
Las mismas encuestas dicen que hay un puntero indiscutible, tanto para las votaciones parlamentarias de julio como para la sucesión presidencial de 2012. Y ese puntero es el PRI. ¿Llevaba entonces dedicatoria la idea del narcopresidente? Leer el resto de esta entrada »



